En la isla griega de Kea, también llamada Tzia, una alcaldesa, un cantero y un aficionado a los molinos explican cómo el color, la piedra y los antiguos molinos definen un patrimonio poco visible en las Cícladas.
Kea, también conocida como Tzia, se encuentra en las Cícladas occidentales y suele describirse como la puerta de entrada al archipiélago, ya que está a solo 16 millas náuticas del puerto de Lavrio, cerca de Atenas. Según un reportaje de Euronews, tiene unos 2.500 residentes permanentes y conserva gran parte de su carácter tradicional pese al auge del turismo. Su capital, Ioulida, es una de las cuatro villas históricas y la única situada tierra adentro; fue el centro comercial de la isla, combina elementos urbanos y neoclásicos con formas más antiguas y se extiende como un anfiteatro por las laderas de dos colinas, Kastro y Mylos. Euronews indica que fue declarada asentamiento tradicional protegido en 1978.
El color es central en esta historia. La alcaldesa de Kea desde 2019, Rena Velissaropoulou, dijo a Euronews que la isla siempre ha sido colorida y que la paleta blanca y azul asociada a las Cícladas se impuso durante el régimen de Metaxas, entre 1936 y 1940, eligiéndose el blanco sobre todo por razones de higiene. Bajo el revoco antiguo, afirmó, casi siempre aparece color. El reportaje destaca además el miltos, una piedra rojiza grisácea extraída de pozos en la zona de Otzia, cuyo tono se compara con el rojo de Cnosos y que antaño se exportaba a Atenas.
Fuera del casco urbano, el reportaje señala las casas de labranza de piedra llamadas kathikies, la mayoría deshabitadas y algunas convertidas en alojamiento turístico. El cantero y ganadero Dinos Vrettos explicó que los agricultores evitaban las cimas por los vientos del norte y los barrancos por el calor estival, y que se reutilizaban piedras de estructuras antiguas; añadió que las casas suelen comprarlas extranjeros que intentan conservarlas. A lo largo del arroyo de Mylopotamos hubo 11 molinos de agua, probablemente de la época otomana, que funcionaron hasta la Segunda Guerra Mundial y quedaron abandonados hacia los años ochenta; uno es hoy vivienda y otro abre para visitantes. Savvas Michael, jubilado del sector aeronáutico, afirmó que mantener vivo al menos uno ayuda a los jóvenes a entender lo que han heredado.


