El Tribunal de Cuentas Europeo señala que alrededor del 14 % de las aguas de la UE está designado como protegido, pero menos del 1 % goza de protección estricta, lo que pone en riesgo las metas de biodiversidad de 2030.

El Tribunal de Cuentas Europeo (TCE) ha advertido de que la Unión Europea difícilmente alcanzará sus objetivos de 2030 para proteger la biodiversidad marina, según una auditoría presentada el lunes. Alrededor del 14 % de las aguas de la UE está actualmente designado como área marina protegida, pero menos del 1 % está bajo protección estricta. La meta del bloque es proteger el 30 % de sus aguas marinas para 2030, incluido un 10 % con protección estricta.

Según los auditores, la brecha está entre la designación y la protección real. Las restricciones a la pesca, por ejemplo, solo se aplican a una pequeña proporción de las zonas designadas, aunque la pesca comercial y otras actividades pueden dañar el lecho marino. El informe cita a Francia y Suecia como países que han avanzado gracias a la participación de las comunidades y a nuevas prohibiciones de la pesca de arrastre de fondo, mientras que Irlanda se ha visto frenada por importantes lagunas de datos y retrasos legales. La falta de personal, la financiación insuficiente, los largos trámites administrativos y la fragmentación de los fondos entre presupuestos nacionales y varios instrumentos de la UE también dificultan la aplicación, según el TCE, y desde 2013 se han adoptado pocas medidas de conservación que afecten a las flotas de varios Estados miembros.

Los auditores piden a la Comisión Europea y a los gobiernos nacionales que superen los enfoques nacionales y adopten normas más armonizadas y exigibles. «El verdadero desafío es convertir la designación en protección real», afirmó Iliana Ivanova, miembro del TCE responsable de la auditoría. Restricciones más estrictas podrían ser políticamente polémicas si las comunidades pesqueras asumen los costes sin consulta ni apoyo adecuados. Monica Verbeek, directora ejecutiva de la ONG Seas At Risk, afirmó que Europa no carece de políticas ni de conocimiento científico y que la naturaleza responde cuando las medidas se aplican de forma coherente y a escala suficiente, pero que la recuperación a gran escala aún no se está produciendo.