Un ensayo aleatorizado con 5.772 adultos estadounidenses halló que guiar las estatinas con un escáner cardíaco produjo la misma tasa de eventos cardiovasculares graves, 2,7 %, que las calculadoras de riesgo, pero no cumplió la prueba estadística de no inferioridad.

El ensayo CorCal Outcomes, presentado en una sesión Hot Line del Congreso ESC 2026 en Múnich el 31 de agosto de 2026, comparó dos formas de decidir a quién aconsejar estatinas antes de un primer infarto o ictus. Incluyó a 5.772 adultos de Intermountain Health Care, en Estados Unidos, sin enfermedad cardiovascular aterosclerótica conocida, sin diabetes y sin uso previo de estatinas. La edad media era de 64 años y el 51 % eran mujeres. Fueron asignados al azar 1:1 a recomendaciones basadas en las ecuaciones de cohortes agrupadas, una calculadora de riesgo habitual que usa edad, colesterol, presión arterial y tabaquismo, o a recomendaciones basadas en la puntuación de calcio coronario de una tomografía.

Tras un seguimiento medio de 4,2 años, los eventos cardiovasculares graves, que combinan muerte por cualquier causa, infarto, ictus y revascularización arterial, ocurrieron en el 2,7 % de los pacientes de cada grupo (razón de riesgo 0,99; intervalo de confianza del 95 %: 0,71 a 1,38). A quienes se evaluó con la calculadora se les aconsejó tomar estatinas más de tres veces más a menudo que a los guiados por el calcio. Entre los aconsejados, siguió la recomendación el 62 % del grupo del escáner frente al 23 % del grupo de la calculadora. La decisión final correspondió a pacientes y médicos.

Los investigadores subrayaron que tasas observadas idénticas no demuestran que ambas estrategias sean igual de eficaces. El ensayo no cumplió el requisito de no inferioridad fijado de antemano, algo que los autores atribuyeron a tasas de eventos inferiores a las esperadas, y el investigador principal, Joseph B. Muhlestein, dijo que no se demostró la no inferioridad entre los grupos. Señaló que muchos primeros infartos, sobre todo en adultos jóvenes, afectan a personas no clasificadas como de alto riesgo por las herramientas convencionales. Hacen falta más estudios para saber si prescribir según el calcio es una mejor estrategia de prevención.